Soy Frankelda: la película mexicana de animación que conquista desde el stop motion
Por: Redacción SUMMA 26 de Octubre de 2025 | Ciudad de México
El arte del miedo: una historia mexicana hecha a mano
Entre sombras, tinta y sueños, Francisca Imelda escribe cuentos de terror que pocos se atreven a escuchar. En su mundo —uno donde la imaginación es un acto de valentía— nace Soy Frankelda, el primer largometraje mexicano en animación stop motion, dirigido por los hermanos Arturo y Roy Ambriz y producido por Cinema Fantasma, un estudio que representa el talento y la perseverancia del arte independiente en México.
La película, recomendada por Guillermo del Toro, llega a salas nacionales como una pieza que celebra no solo la creatividad, sino el liderazgo artístico que surge cuando el arte se convierte en resistencia.
Frankelda: la voz que transforma el miedo en creación
La historia sigue a una niña que, en un México del siglo XIX, sueña con escribir cuentos de terror. Rechazada por su entorno, decide reinventarse bajo un seudónimo: Frankelda, una identidad que encarna la libertad de imaginar sin miedo.
Entre el mundo de los humanos y el de los “sustos”, Francisca descubre que las pesadillas y los sueños no son opuestos, sino espejos: ambos reflejan las emociones que nos definen.
Como explican los hermanos Ambriz, “lo ficticio es a veces más real que lo real”. Esa dualidad es el corazón de la película: una historia sobre la integridad creativa, la búsqueda del sentido artístico y la capacidad humana de construir belleza a partir de lo desconocido.
Liderazgo creativo y resiliencia mexicana
Detrás de cada fotograma hay una historia de disciplina y fe.
Los hermanos Arturo y Roy Ambriz fundaron su estudio Cinema Fantasma hace 14 años, enfrentando los retos de un sector que pocas veces abre espacio a la animación artesanal.
Su cinta, realizada con miles de fotografías y movimientos milimétricos, representa una metáfora de su propio proceso: cada gesto, cada imagen, cada obstáculo se supera cuadro a cuadro.
En palabras de Roy, “los temores de Herneval —uno de los personajes— son los nuestros; el miedo a que todo se desmorone, pero también la convicción de construir algo que permanezca”.
Esa frase resume el espíritu de Frankelda: el arte como liderazgo, como persistencia y como forma de decir “sí” donde otros dijeron “no”.
El impulso de Guillermo del Toro: el poder de la mentoría
El aclamado director Guillermo del Toro ha sido uno de los principales impulsores de esta producción mexicana. Su colaboración fue más allá de la recomendación: participó en la construcción narrativa inicial, ayudando a enriquecer el universo de la protagonista e incorporando un homenaje a la escritora Mary Shelley a través del personaje de María Conchita, la madre de Frankelda, pintora y símbolo del despertar artístico.
El apoyo de Del Toro refuerza un mensaje esencial: el talento mexicano no necesita permiso para soñar, solo respaldo, oportunidad y comunidad.
Stop motion: la poesía del detalle
La técnica empleada, el stop motion, consiste en animar objetos o figuras estáticas fotografiándolas una a una para crear la ilusión de movimiento.
Este método, meticuloso y artesanal, otorga a Frankelda una textura visual profundamente humana: cada sombra es real, cada gesto tiene peso, y cada emoción parece palpitar entre las luces del set.
El resultado es una obra de arte animada que honra el trabajo manual, la paciencia y la precisión, valores que definen tanto el cine como el liderazgo creativo.
El arte como legado
Soy Frankelda no solo es una película: es una declaración.
Es el recordatorio de que la creación requiere valentía, de que el miedo puede ser un maestro y de que los sueños, cuando se cuentan con verdad, pueden cambiar la forma en que vemos el mundo.
Con esta producción, México vuelve a demostrar que la imaginación también es una forma de liderazgo, y que la oscuridad, en manos de artistas como los Ambriz, puede transformarse en luz.
Redacción SUMMA
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