Movilidad: la llave subestimada del rendimiento y la longevidad
Por: Patth Carrillo 30 de Octubre de 2025 | Puebla, Puebla.
El lenguaje con el que nuestras articulaciones se comunican con nuestro cerebro.
Actualmente, mientras todo el mundo habla de fuerza y resistencia, vivimos obsesionados con las métricas sociales de identidad: desde el peso que levantamos, la velocidad que alcanzamos, la definición o el volumen muscular, hasta la cotidianidad del sedentarismo.
Pero la verdadera base de un cuerpo funcional, resistente a lesiones y que permite prolongar nuestra calidad de vida, es el cimiento donde se construye todo: la movilidad.
Porque no solo se trata de “ser flexible”.
La ciencia detrás del movimiento
La movilidad es la sincronía entre músculos, articulaciones y sistema nervioso, que permite que una articulación se mueva activa y controladamente, sin dolor, a través de su rango completo.
Estas articulaciones están rodeadas por una cápsula llena de líquido sinovial, por lo que el movimiento regular nutre el cartílago, un tejido avascular que depende de la compresión y descompresión para prevenir su degeneración y rigidez.
Dentro de nuestros músculos, tendones y articulaciones existen sensores llamados propioceptores.
Su trabajo es informar al cerebro en todo momento sobre la posición de cada parte de nuestro cuerpo en el espacio.
La movilidad mejora la propiocepción —aquel “sexto sentido” que nos permite reaccionar ante un terreno irregular o estabilizar una articulación ante un movimiento imprevisto—, previniendo esguinces, caídas y lesiones graves.
La movilidad combina:
Flexibilidad
Fuerza
Control motor
Las consecuencias de un cuerpo “bloqueado”
Ignorar la movilidad tiene consecuencias considerables: no solo limita el rendimiento, sino que aumenta la propensión a las lesiones.
Cuando una articulación carece de movilidad, el cuerpo busca compensar el movimiento desde otras zonas, forzando a equilibrar desde posturas inadecuadas.
Estas compensaciones son la raíz de lesiones por sobreuso: tendinitis rotuliana, fascitis plantar, dolores lumbares, lesiones del manguito rotador.
Un tórax rígido conduce a hombros redondeados y cervicales sobrecargadas.
Una torcedura leve puede escalar a un esguince o incluso a una fractura si la falta de movilidad impide una reacción rápida y estable.
El deterioro acelerado de las articulaciones —al no usar el rango completo— impide que el cartílago se nutra y acelera la aparición de artrosis.
Las estadísticas son contundentes:
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En niños y adolescentes, el 80% presenta posturas cifóticas (espalda encorvada) asociadas al exceso de pantallas.
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En adultos jóvenes, el “síndrome de oficina” genera rigidez torácica y dolor cervical crónico.
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En adultos mayores, la pérdida de movilidad induce sarcopenia (pérdida de masa muscular), principal factor de riesgo de caídas —segunda causa de muerte accidental según la OMS—.
Más del 30% de las personas mayores de 65 años se caen al menos una vez al año.
No se trata solo de rendir en el gimnasio, sino de mantener independencia y calidad de vida.
¿De qué sirve añadir kilos a la barra en un squat si la cadera no tiene la movilidad suficiente para descender correctamente?
Solo se refuerza un patrón deficiente, llevando al cuerpo al límite en una posición de desventaja mecánica.
La fuerza se construye sobre un rango de movimiento competente, no al revés.
Recupera tu movilidad: no se necesitan horas
Integrar el trabajo de movilidad no requiere sesiones complejas: se trata de constancia y precisión.
Dedicar de 10 a 15 minutos, 3 o 4 veces por semana —como parte del calentamiento, readaptación o mantenimiento— marca una diferencia trascendental.
Zonas clave: tobillos, caderas, tórax y hombros.
Comenzar por las áreas más comprimidas, progresar de forma segura y sincronizar el movimiento con la respiración.
La paciencia y la práctica constante expanden el rango articular de forma sostenible.
Beneficios:
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Reducción del dolor crónico.
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Mejora de la movilidad torácica y alivio del dolor de hombros y cuello.
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Mejora de la salud vascular y reducción de inflamación sistémica.
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Longevidad y calidad de vida: conservar la capacidad de agacharse, levantarse o girar sin ayuda es un predictor de independencia.
Tener control corporal suficiente permite responder a las demandas del deporte y de la vida con resiliencia.
Hoy, la movilidad no es un lujo para atletas de élite; es una necesidad biológica.
La inversión más inteligente en nuestro capital físico.
“No es solo llegar a una posición, sino saber estabilizarla.”
Patth Carrillo
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