Una mañanera marcada por justicia, bienestar y redefiniciones institucionales

Por: Redacción SUMMA 03 de Febrero de 2026 | Ciudad de México

María Teresa Ealy es una servidora pública que rompe el molde. No porque sea menos política —sería un error asumirlo—, sino porque ha demostrado fiereza, determinación, valentía y carácter suficientes para sostener la representatividad integral en cada área de acción en su papel de diputada federal. Lo que resulta disruptivo es otra cosa: su forma de ejercer la gobernanza se sale del libreto tradicional. Quizá porque no proviene de una vena de arraigo político clásico, su manera de hacer política no responde a inercias ni a manuales heredados.

Camina mercados, recorre colonias, genera activismo en territorio y destina buena parte de su agenda diaria a escuchar directamente a la ciudadanía. No a los números maquillados por estructuras de clientelismo político, sino a las personas reales que, con asombro, descubren que alguien —sin estar en tiempos electorales— muestra una preocupación genuina por escuchar y resolver necesidades concretas.

La política cuando vuelve al territorio

En Miguel Hidalgo, esa lógica se hizo visible durante los días previos al Día de la Candelaria. Lejos de un acto protocolario, la diputada regresó a los mismos puntos que había visitado semanas antes durante su gira de rosca. Volvió porque lo prometió. Y volvió sin reflectores excesivos, con tamales, leche y tiempo para sentarse a conversar.

La política también se hace aquí, en la calle, mirando a la gente a los ojos”, expresó en una de las charlas vecinales. La frase no es menor. Resume una visión que contrasta con una clase política cada vez más encapsulada en oficinas, métricas digitales y discursos abstractos.

Las conversaciones no fueron complacientes. Seguridad, servicios públicos deficientes, espacios abandonados y problemas cotidianos dominaron el intercambio. La diputada escuchó, tomó nota y se comprometió a dar seguimiento desde su labor legislativa y de gestión. En un contexto donde la ciudadanía suele percibir a sus representantes como figuras distantes, el acto de regresar y cumplir genera capital político real.

Cuando la expectativa ciudadana supera el cargo

En ese diálogo comenzó a emerger algo más profundo: una expectativa que trasciende el encargo legislativo. Vecinas y vecinos, incluso aquellos que se reconocen críticos o ajenos a su partido, coincidieron en una idea recurrente: este tipo de política cercana no debería ser episódica.

Ojalá no se quede solo en visitas; esto es lo que hace falta todos los días”, comentó una vecina durante uno de los encuentros. La frase revela una demanda clara: continuidad, coherencia y presencia sostenida en el territorio.

Sin discursos anticipados ni anuncios formales, empezó a instalarse una conversación natural sobre el futuro de la demarcación. No desde la lógica de las siglas, sino desde el desempeño. En un momento donde la desafección política crece, los perfiles que privilegian resultados y congruencia comienzan a romper las barreras partidistas.

Más allá del gesto: confianza como activo político

Más allá de la comida compartida, lo relevante fue el ambiente que se generó: risas, historias, recuerdos y una confianza que solo aparece cuando un representante vuelve, cumple y no evade la conversación pública. En política, la confianza no se decreta; se construye con actos repetidos.

A pocos días de retomar de lleno su agenda legislativa, María Teresa Ealy dejó un mensaje implícito pero contundente: su compromiso con Miguel Hidalgo no es coyuntural. No responde a una lógica de campaña anticipada, sino a una forma de entender el servicio público arraigada en el territorio y sostenida en el tiempo.

Lo que hoy se observa en Miguel Hidalgo no es solo presencia institucional. Es el inicio —todavía incipiente, pero claro— de una relación de confianza ciudadana que muchos ya comienzan a imaginar como algo más permanente. En una época de escepticismo político, eso, por sí mismo, es un dato relevante.

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