Ekaterina Zagladina: la arquitecta silenciosa de la paz global que eligió a México como su escenario

Por: Jordan Páez 30 de Marzo de 2026 | Ciudad de México

Hace año y medio, este servidor tuvo el honor de redactar un libro que, de principio a fin, lo dejó cautivado — y francamente, sin palabras.

Para quienes nos apasiona la historia y la paz, sabemos que ambos conceptos viajan juntos: inseparables, a veces luminosos, a veces brutales, siempre interdependientes. Lo que la historia construye en siglos, la paz puede cambiarlo en días. Y lo que la paz edifica en silencio, la historia suele enterrarlo con la misma indiferencia con que entierra a sus arquitectos más importantes.

“Constructor de Paz” es el título de ese libro. Y es también la descripción más exacta de su protagonista: un hombre que operó desde las sombras de la diplomacia global para entregar al mundo algo que pocas generaciones han recibido como herencia — la conclusión pacífica de la Guerra Fría. Sin un disparo. Sin un tratado impuesto. Con la convicción silenciosa de quien entiende que los grandes cambios no se anuncian: se construyen.

Ese hombre -Vadim Zagladín- dejó un mundo mejor. Y dejó, además, algo más concreto y más vivo: una hija que heredó su misión. Una mujer que hoy se encarga, con la misma determinación invisible de su padre, de ser artífice de la paz que él profesó. Su nombre es Ekaterina Zagladina

Presidenta del Secretariado Permanente de la Cumbre Mundial de Premios Nobel de la Paz desde 2006, Zagladina ha convertido a México en eje estratégico de uno de los foros de liderazgo más influyentes del planeta. No lo hizo con recursos ilimitados. Lo hizo con visión de largo plazo.

Hay líderes que aparecen en los titulares. Y hay líderes que construyen los espacios donde esos titulares se deciden.

Ekaterina Zagladina pertenece al segundo grupo. Abogada de formación, políglota por convicción — habla ruso, inglés, italiano y español — y diplomática por vocación, lleva casi dos décadas al frente del Secretariado Permanente de la Cumbre Mundial de Premios Nobel de la Paz, la organización que reúne anualmente a los laureados más influyentes del planeta para debatir los grandes desafíos de la humanidad. Una misión que no eligió por azar: fue Mikhail Gorbachev quien la nominó personalmente para el cargo en 2006, cuando el ex presidente soviético y fundador de la Cumbre la identificó como la persona capaz de sostener ese proyecto en el tiempo.

Dos décadas después, la pregunta no es si estuvo a la altura. La pregunta es cómo lo hizo — y por qué eligió a México como uno de sus escenarios más estratégicos.

De Moscú a Mérida: cuando la paz encuentra su geografía

El Secretariado Permanente ha organizado 19 Cumbres hasta la fecha, siendo la más reciente celebrada en septiembre de 2024 en Monterrey, México. Wikipedia No es casualidad que México haya sido sede en dos ediciones consecutivas. Es el resultado de un trabajo de posicionamiento estratégico que Zagladina construyó durante años, y que alcanzó un punto de inflexión con la 17ª Cumbre Mundial celebrada en Mérida, Yucatán — la primera vez en 20 años de historia del foro que el evento llegaba a territorio mexicano.

Al anunciar la edición en Mérida, Zagladina declaró: “Esperamos que el espíritu y la energía de la construcción de la paz energice a la sociedad mexicana y fomente una acción común por la paz y la humanidad hoy y en los años venideros.” Nobelpeacesummit No era retórica diplomática. Era una apuesta concreta: llevar el diálogo de los más altos laureles del mundo a un país que lo necesitaba y que tenía la capacidad de proyectarlo.

A esa edición asistieron un récord de 30 Premios Nobel de la Paz reunidos simultáneamente Sing for Hope, junto a figuras como el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador y el gobernador de Yucatán. Un logro de convocatoria que no se improvisa — se construye relación por relación, cumbre por cumbre, durante casi 20 años de trabajo acumulado.

El liderazgo como educación: la apuesta que nadie más estaba haciendo

Lo que distingue el modelo de Zagladina no es solo la capacidad de reunir laureados. Es lo que ocurre después de cada reunión. Zagladina lo sintetizó con precisión: “Para nosotros, el impacto de la Cumbre es tan importante como el evento en sí. Después de la última Cumbre en Bogotá, desarrollamos un currículo universitario especial para cultivar una nueva generación de líderes reflexivos que puedan comprender, promover y debatir con inteligencia conceptos relacionados con la ética y los valores. El currículo ya se ha implementado en varias universidades y ha llegado a miles de jóvenes.” Nobelpeacesummit

Esa filosofía — la paz como práctica pedagógica, no como declaración protocolaria — tomó forma institucional en México. Yucatán alberga el primer Centro Internacional de Educación de la Cumbre Nobel de la Paz, un espacio que ofrece cursos educativos enfocados en promover la paz y mejorar la calidad de vida de comunidades. The Yucatan Times Un centro que nació de la relación que Zagladina construyó con las autoridades locales y que convierte a México en sede permanente de pensamiento, no solo de eventos.

Una abogada que opera donde los discursos fallan

El perfil de Zagladina desafía los estereotipos del activismo de paz. Formada en Derecho Internacional y en Lingüística e Interpretación, ambos en la Universidad Estatal de Moscú, ha trabajado en los equipos jurídicos de alto nivel de Ernst & Young, Ruperti Project Services International y Volkswagen Financial Services de Rusia. Nobelpeacesummit No viene del mundo de las ONG ni de la academia pura. Viene del derecho corporativo internacional, de la negociación dura, de los entornos donde los acuerdos tienen consecuencias reales.

Esa formación explica su enfoque: la paz no como ideal abstracto, sino como arquitectura institucional. Estatutos, alianzas, currículums universitarios, centros de educación, redes de jóvenes líderes. Cada pieza construida con la misma lógica con la que se construye un contrato: con visión de largo plazo, cláusulas de permanencia y métricas de cumplimiento.

Su cita favorita — atribuida a Gorbachev, el hombre que la eligió — lo dice todo: “La paz no es unidad en la similitud, sino unidad en la diversidad, en la comparación y conciliación de diferencias.” Una definición que no tiene nada de poética. Tiene todo de estratégica.

México como decisión, no como destino

Que Zagladina haya elegido a México — dos cumbres consecutivas, el primer Centro Internacional de Educación, alianzas universitarias activas — no es un gesto de cortesía diplomática. Es una lectura de contexto. México es el país de América Latina con mayor densidad de actores que pueden escalar el mensaje de paz: universidades, gobiernos estatales con visión, sociedad civil organizada y una juventud que, como ella misma ha señalado, “es la mayor esperanza que tiene este mundo”.

Lo que Zagladina entiende — y que muchos líderes globales aún no aprenden — es que los grandes foros no transforman por lo que dicen en sus plenarias. Transforman por lo que siembran en los territorios donde se instalan. Y ella decidió sembrar en México.

Veinte años construyendo el escenario donde los laureados hablan. Una decisión sostenida en el tiempo, sin aplausos garantizados, en un campo donde los resultados se miden en décadas. Eso también es liderazgo. Incómodo, invisible y transformador.

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