Crédito para crecer: la conversación incómoda que abrió Patricia Armendáriz

Por: Jordan Páez 30 de Enero de 2026 | Ciudad de México

Conocer a Patricia Armendáriz en 2022, en medio de una conversación en el trayecto del aeropuerto de Acapulco a una conferencia en la Costera, confirmó algo que ya intuía por su trayectoria pública: es una mujer directa, asertiva, con una visión muy clara del sistema financiero y una forma de hablar que no busca agradar, sino provocar reflexión y empujar al cambio. 

Sus consejos están cargados de experiencia, pero también de oportunidades. No idealiza el mercado; lo entiende. Y desde ese entendimiento —crudo, realista y estratégico— es desde donde se lee su reciente publicación en LinkedIn.

La reflexión surge tras el llamado de la presidenta Claudia Sheinbaum a la banca para prestar más y ampliar el crédito en México. El mensaje es claro: ningún país crece sin financiamiento. Pero el punto que introduce Armendáriz es clave y suele quedar fuera del debate público: no todo crédito impulsa desarrollo.

Más crédito no siempre significa mejor crédito

El planteamiento central de Patricia Armendáriz es sencillo, pero incómodo. Cuando el crédito no es pagable, deja de ser una herramienta de crecimiento y se convierte en una carga financiera.

Para quienes crecimos viendo Shark Tank, esta lógica resulta familiar. El capital no corrige modelos débiles; los expone. Acelera lo que ya existe. Bajo esa premisa, un sistema de crédito mal estructurado no genera bienestar económico, solo amplifica riesgos que terminan concentrándose en el usuario final.

El problema del CAT y la falsa inclusión financiera

En su publicación, Armendáriz pone sobre la mesa un dato que obliga a detener la conversación: tarjetas de crédito con CATs superiores al 140%. Más allá de la institución que las emita, la cifra es reveladora.

Hablar de inclusión financiera sin hablar del costo real del dinero es quedarse a la mitad del diagnóstico. El acceso, por sí solo, no garantiza estabilidad. Dar crédito caro a quien tiene menor margen financiero no es inclusión; es trasladar el riesgo completo al consumidor.

La expansión del crédito digital ha mejorado la penetración y reducido barreras de entrada, pero la facilidad de acceso no siempre ha venido acompañada de condiciones sostenibles.

Certidumbre económica y responsabilidad del sistema financiero

Uno de los puntos más relevantes del análisis es la relación entre política económica y banca. Si el gobierno apuesta por certidumbre jurídica, estabilidad macroeconómica e infraestructura —como plantea el Plan México—, el sistema financiero debe reflejar ese entorno con mejores condiciones crediticias.

No es consistente promover nearshoring, competitividad y atracción de talento mientras el crédito al consumo sigue operando con tasas que limitan el crecimiento del mercado interno.

La digitalización financiera prometió eficiencia: menores costos operativos, procesos más ágiles y mejor evaluación de riesgo. Si esa promesa se cumple, la eficiencia debería trasladarse al usuario final en forma de tasas más bajasDe lo contrario, la innovación se queda en narrativa y no en impacto real. La tecnología, por sí sola, no democratiza el crédito si no modifica el precio del dinero.

¿Regular para corregir el rumbo?

Desde su posición como legisladora, Armendáriz deja abierta una pregunta que empieza a tomar fuerza: ¿este modelo de crédito debería regularse? No como un freno a la innovación, sino como un mecanismo para evitar que el sistema financiero se aleje de su función social.

El debate no es ideológico. Es práctico. Se trata de alinear el crédito con el desarrollo económico sostenibleEl punto de fondo no es si México necesita más crédito. Eso es evidente. La pregunta es qué tipo de crédito, en qué condiciones y para quién.

Ahí radica el valor de la publicación de Patricia Armendáriz: mover la conversación del volumen a la calidad, del entusiasmo al análisis. En un momento clave para el rumbo económico del país, esa discusión no solo es pertinente. Es urgente.

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