DERECHO A SER | Mujeres en el poder frente a la violencia digital

Por: Karla Paola Pichardo Toledo  26 de Marzo de 2026 | Estado de México, México

La violencia digital como nueva forma de agresión

Al mismo tiempo que las mujeres están logrando salir del ámbito privado para ocupar espacios de poder en la vida pública, la violencia también ha evolucionado para intentar frenarlas. Después de décadas de exigencia y conquista de derechos políticos, hoy la lucha no solo consiste en obtenerlos, sino en poder ejercerlos sin violencia.

En este contexto, la transformación digital ha abierto nuevas formas de agresión que impactan directamente a quienes participan en la vida política e institucional; un ejemplo de esto es que el Registro Nacional de Personas Sancionadas en Materia de Violencia Política contra las Mujeres en Razón de Género permite observar expresiones de violencia en el ámbito digital que van desde el cuestionar las capacidades de una mujer para ejercer un cargo por el hecho de ser mujer, relacionar su éxito político con favores sexuales, cosificar su imagen o incluso editar y manipular contenido digital para afectar su reputación, entre otras.

El impacto de las narrativas digitales en la opinión pública

El peligro de las narrativas que se posicionan en el ámbito digital, es que impacta directamente en la opinión pública, lo que perpetúa la violencia por razón de género y permite que las agresiones continúen avanzando y no se limiten a comentarios, expresiones o hashtags.

Hoy, una parte importante de la ciudadanía se informa, opina e interactúa a través de plataformas digitales y es en ese espacio en el cual se construyen percepciones además de posicionar narrativas. En este sentido, lo digital ya no es un plano separado de la realidad política, más bien, es uno de los principales territorios donde se disputa la opinión pública.

Por ello, las narrativas que se instalan en redes sociales no son inofensivas ni pasajeras, pues cuando se repite, por ejemplo, que una mujer no tiene capacidad para gobernar, no solo se produce hostilidad digital, se moldea una percepción pública que alimenta la deslegitimación de las mujeres en el poder.

La exigencia de una perfección imposible

Llegar a un espacio de poder ya implica vencer múltiples barreras, pero mantenerse en él suele ser todavía más difícil, pues a las mujeres se les exige demostrar permanentemente que tienen la capacidad para ocupar un cargo, una exigencia que rara vez se aplica de la misma manera a los hombres. Cuando un hombre comete un error, se interpreta como una falla individual y humana, pero cuando una mujer lo hace, su error suele leerse como prueba de que no estaba preparada, de que no era suficientemente capaz o, peor aún, de que las mujeres no deberían estar en dichos espacios; en este sentido, no se evalúa solamente su desempeño, también se pone en juicio su legitimidad para ejercer el poder.

En esta misma línea, a las mujeres se les exige una perfección imposible, deben ser firmes, pero no demasiado; visibles, pero no incómodas; exitosas, pero no ambiciosas; humanas, pero sin margen para equivocarse, y es que este estándar no es casual, más bien, es una forma de control, porque cuando se les exige más, se les castiga más y se les perdona menos, lo que se puede traducir en que su presencia en el poder todavía incomoda y hoy, con mayor fuerza.

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