El derecho al servicio de las causas nobles

Por: Manuel Jurado Torres 09 de Diciembre de 2025 | Chihuahua, México

En tiempos donde el desencanto social hacia las instituciones parece extenderse, es necesario recordar que el derecho sigue siendo una herramienta poderosa al servicio de la justicia y de las causas nobles. Cuando se ejerce con convicción, conocimiento y sensibilidad, el derecho deja de ser un mero conjunto de normas y se convierte en un instrumento de transformación, capaz de acercar las promesas constitucionales a la vida cotidiana de las personas.

Ese es, precisamente, el sentido del litigio estratégico en materia de derechos humanos. No se trata de promover juicios sólo por promoverlos, sino de utilizar el proceso judicial como un medio para generar cambios estructurales, fortalecer derechos y abrir espacios de participación ciudadana.

Litigar estratégicamente implica mucho más que presentar una demanda. Supone estudiar, planear, argumentar, insistir y acompañar. Cada escrito, cada recurso y cada incidente forman parte de una construcción jurídica y social que exige constancia, tiempo y compromiso. Porque detrás de cada expediente hay personas, comunidades y derechos que merecen ser escuchados.

Hace más de dos años y siete meses emprendimos un juicio de amparo que encarna este espíritu. Su propósito es doble:

  1. Exigir la reparación, mantenimiento y conservación de la carretera federal conocida como la vía corta Parral–Chihuahua.

  2. Generar un precedente obligatorio sobre el derecho a la buena administración pública o buen gobierno, en su vertiente de acceso a servicios públicos de calidad, estrechamente relacionado con los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (DESCA).

Este camino jurídico no ha sido fácil. El Juzgado Segundo de Distrito en el Estado nos negó inicialmente la suspensión provisional, lo que nos obligó a interponer el recurso correspondiente para obtener una resolución favorable.

Posteriormente, hemos planteado diversos incidentes para exigir su cumplimiento. Cuando el asunto fue sobreseído, interpusimos el recurso de revisión. El Segundo Tribunal Colegiado en Materias Penal y Administrativa del Decimoséptimo Circuito revocó esa determinación y solicitó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación ejercer su facultad de atracción, en atención a la relevancia social y constitucional del caso.

Detrás de esta historia procesal hay algo más profundo: una causa ciudadana nacida desde la comunidad, donde el derecho se volvió un punto de encuentro y no un privilegio técnico.

Desde el inicio, decidimos involucrar a familiares, amigos y personas con distintas ocupaciones (comerciantes, ganaderos, maestros, estudiantes) como quejosos. Lo hicimos convencidos de que la defensa de los derechos humanos no pertenece exclusivamente a los abogados, sino a toda persona dispuesta a exigir un mejor país.

Esa dimensión colectiva ha sido una de las mayores fortalezas del proyecto. Cada comparecencia, cada visita al juzgado, cada nueva promoción se ha convertido en una oportunidad para explicar, enseñar y compartir el sentido del litigio.

En ese proceso hemos involucrado a estudiantes de derecho, jóvenes comprometidos que nos han acompañado a presentar escritos, aprender del expediente y comprender que el derecho cobra sentido solo cuando sirve para mejorar la vida de las personas.

Hoy el asunto se encuentra en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Desde esta etapa estamos construyendo alianzas para la presentación de un escrito denominado amicus curiae (amigos de la Corte), que permita escuchar la voz de la sociedad civil y de actores sociales, políticos y económicos interesados en esta causa. Lo que buscamos es que este caso se consolide como un precedente que reconozca que los servicios públicos de calidad son un derecho y no un favor, y que el mantenimiento de una carretera puede ser, también, un asunto de dignidad y de derechos humanos.

La vía corta Parral–Chihuahua es mucho más que una carretera. Es el camino que conecta a miles de personas con su trabajo, con la educación, con los servicios de salud, con el comercio y con sus familias. Su deterioro afecta no solamente el tránsito, sino la seguridad, el desarrollo y el bienestar de quienes la recorremos a diario. Y, por eso, este amparo busca evidenciar que la omisión en su conservación no es un problema de gestión, sino una vulneración a derechos fundamentales.

Litigar estratégicamente en un caso así no es sencillo ni rápido. Requiere de tiempo, paciencia, técnica jurídica y vocación de servicio. Pero también de algo más: de fe en el derecho como instrumento de justicia, y de la esperanza de que la suma de esfuerzos ciudadanos puede transformar realidades.

El expediente de este amparo es hoy testimonio de un trabajo conjunto: de la dedicación de quienes creemos que la ley puede ser un lenguaje común para la justicia; de la energía de los jóvenes que se forman en el acompañamiento; y de la convicción de que ningún esfuerzo es menor cuando se trata de defender causas justas.

Porque al final, el derecho solo cumple su propósito cuando se pone al servicio de la sociedad. Cuando deja de ser un ejercicio individual para convertirse en una construcción colectiva. Cuando se practica con la certeza de que la justicia no es una meta lejana, sino una tarea cotidiana que se construye con compromiso, con ética y con amor por la comunidad.

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