El latido de lo imposible: Guillermo del Toro revive Frankenstein

Por: Karla rosales 23 de Octubre de 2025 | Ciudad de México

La historia que cobra vida con humanidad

Basada en la novela de Mary Shelley, la película nos transporta a la Inglaterra del siglo XIX, donde Víctor Frankensteinpersigue la obsesión de dar vida a un ser a partir de la muerte. Tras la pérdida de su madre y el rechazo de sus colegas, Víctor consigue crear a su criatura en una tormenta eléctrica que es a la vez aterradora y poética.

Pero Del Toro no se limita al terror: explora la complejidad de lo humano. Temas como la compasión, el amor, la paternidad, la soledad y la aceptación se entrelazan con la estética gótica y la fantasía oscura, otorgando a la historia una dimensión emocional y filosófica que pocas adaptaciones han logrado. Cada escena refleja su talento para equilibrar belleza y horror, convirtiendo lo monstruoso en algo conmovedor.

Actuaciones que laten con cada emoción

Jacob Elordi, como la criatura, entrega una actuación que evoluciona desde la inocencia hasta la amenaza apocalíptica, pasando por la animalidad y la tragedia, mostrando la profundidad emocional que Del Toro buscaba. Su entrenamiento físico y maquillaje diario lograron dar vida a un monstruo que respira, se mueve y siente como ningún otro en la historia del cine.

Óscar Isaac, en la piel de Víctor Frankenstein, equilibra la obsesión científica con la fragilidad humana, recordándonos que incluso los genios conviven con sus propios monstruos. Mia Goth y Christoph Waltz completan un elenco que aporta matices delicados y contundentes, enriqueciendo la narrativa con humanidad, humor y drama.

La dirección de Del Toro se percibe en cada detalle: escenografía, vestuario, iluminación, sonido y cámara se combinan para crear una experiencia envolvente que transporta al espectador a un mundo donde la belleza y la oscuridad conviven con la emoción y la reflexión.

El cine mexicano que se apoya y se celebra

Tras su ovacionado estreno en el Festival de Venecia y proyecciones limitadas en salas selectas de México, Del Toro ha demostrado que el cine puede ser tanto personal como generoso. Con su influencia, ha pedido a los mexicanos que apoyen Yo Soy Frankelda, una animación mexicana en stop motion de los hermanos Arturo y Roy Ambriz, que retoma la obra de Mary Shelley en el contexto del folklore de Real del Monte, Hidalgo.

Con gestos como este, Guillermo del Toro muestra que el mejor amigo de un mexicano exitoso es otro mexicano talentoso. Su apoyo inspira a toda una generación de cineastas y confirma que el cine hecho en México puede brillar tanto como cualquier producción internacional, celebrando la creatividad, la colaboración y el orgullo cultural.

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