¿Hasta cuándo?

Por: Jackie Ojeda 11 de Marzo de 2026 | Nuevo León, México

La confirmación del hallazgo del cuerpo sin vida de Kimberly Joselín Ramos, una estudiante de 18 años desaparecida hace días en Cuernavaca, Morelos, no es una tragedia aislada: es la expresión más cruda de un problema estructural que hemos normalizado como sociedad.

Kimberly se dirigía a la universidad el 20 de febrero y desde entonces no se supo más de ella. Su cuerpo fue localizado en un polígono de búsqueda, y un presunto implicado —también estudiante— fue detenido, según las autoridades. Lo más doloroso de este caso no es únicamente su pérdida, sino que su historia se repite una y otra vez en México.

Un país peligroso para ser mujer

México sigue siendo uno de los países más peligrosos del mundo para ser mujer. Entre enero y agosto de 2025 se documentaron al menos 444 casos de feminicidio. Otros informes señalan que, durante solo un mes como enero de 2025, 16 mujeres fueron asesinadas cada día si combinamos homicidios dolosos y feminicidios, lo que nos da un panorama todavía más devastador de violencia contra las mujeres.

Estas cifras no son frías estadísticas: son hijas, hermanas, madres, compañeras de clase, amigas. Y detrás de cada número hay familias rotas, comunidades en duelo y una profunda indignación que exige respuestas reales.

La impunidad como mensaje

Lo más alarmante no es solo que ocurran estos crímenes, sino que la justicia muchas veces no llega. En estados como Morelos, se reconoce que solo uno de cada 25 casos de feminicidio ha recibido sentencia, una muestra clara del rezago institucional que impera en las fiscalías y tribunales.

La impunidad no solo agrede a las víctimas y sus familias, sino que envía un mensaje brutal: que la vida de las mujeres no tiene la misma dignidad ni protección frente al Estado. No podemos seguir normalizando un país donde las mujeres no nos sintamos seguras de salir, estudiar, trabajar o simplemente existir. No se trata únicamente de reducir cifras en los informes oficiales; se trata de transformar una cultura que ha tolerado la violencia de género por demasiado tiempo.

Un cambio que no puede esperar

Se necesitan políticas públicas robustas, pero también educación, prevención y un compromiso genuino con la equidad de género y la protección de las mujeres desde todos los niveles del gobierno y la sociedad civil.

Que se esclarezca el caso de Kimberly y se haga justicia es vital. Pero eso debe ser apenas el inicio de un cambio profundo porque ni la hora, ni el lugar, ni la ropa definen el respeto que merecemos. México merece un futuro donde las mujeres podamos vivir sin miedo. Donde ser mujer no sea sentencia de muerte.

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