La generación arrebatada: cuando la estrategia fallida abre la puerta al crimen
Por: Jackie Ojeda 15 de Diciembre de 2025 | Nuevo León, México
En México estamos viviendo una tragedia silenciosa que pocos quieren enfrentar con la seriedad que merece: el crimen organizado está reclutando a nuestros jóvenes, a nuestros niños y a nuestras niñas, sin que el Estado logre detener esta maquinaria de deshumanización.
Más de 250 mil niñas, niños y adolescentes se encuentran en riesgo de ser cooptados por estas redes criminales. Detrás de cada cifra hay una historia que pudo ser distinta. Jóvenes de 12, 13 o 14 años arrancados de sus familias, utilizados como halcones, sicarios, informantes o víctimas de trata.
Esta realidad duele. Pero más duele la indiferencia y la normalización. Nos hemos acostumbrado a escuchar que el crimen recluta menores y a ver sus rostros en las noticias como si fueran estadísticas inevitables. No lo son. Son vidas truncadas por un Estado que no ha sabido —o no ha querido— construir un entorno seguro para ellos.
Estrategias que renuncian a proteger
Mientras esta crisis avanza, el país permanece atrapado en discursos complacientes y estrategias fracasadas que han demostrado una y otra vez su incapacidad para proteger a quienes más lo necesitan.
La política de “abrazos, no balazos” se presentó como un enfoque humano, pero terminó siendo una renuncia disfrazada de filosofía. Una estrategia que prometía paz, pero que abrió más espacios a la impunidad.
¿De qué sirve afirmar que se busca evitar la violencia si se deja solos a quienes la padecen? Mientras se repite el mantra de que “la violencia no se combate con más violencia”, los cárteles sí avanzan: con armas, con dinero, con poder y, sobre todo, con jóvenes que no encontraron otra opción.
Cuando el crimen sustituye al Estado
La ausencia de una estrategia real ha tenido consecuencias devastadoras. Hoy existen territorios donde el crimen organizado sustituye al Estado, donde los adolescentes ven en la delincuencia una salida económica, una sensación de pertenencia o, simplemente, la única alternativa para sobrevivir.
Es ahí donde México está perdiendo su futuro. No en los indicadores macroeconómicos ni en la retórica triunfalista, sino en esos espacios donde un niño tiene más probabilidades de ser reclutado por un grupo criminal que de acceder a oportunidades dignas.
Seguridad como obligación, no como discurso
Es urgente replantear las prioridades nacionales. Garantizar seguridad no es un deseo: es una obligación constitucional.
México necesita políticas de prevención del delito, educación de calidad, espacios seguros, programas comunitarios sólidos, oportunidades laborales reales y presencia institucional efectiva. Necesita cuerpos policiales profesionales, inteligencia, cooperación y, sí, también firmeza.
Defender a nuestros jóvenes no es incompatible con proteger los derechos humanos; por el contrario, es la primera condición para hacerlo. Ya no se puede seguir improvisando mientras una generación entera es robada a plena luz del día.
El futuro en juego
Reconocer esta tragedia es apenas el primer paso. Actuar con valentía es el único camino posible. Porque si permitimos que el crimen siga arrebatando a nuestros jóvenes, habremos renunciado no solo al presente, sino al mañana.
Un país que abandona a su juventud es un país que empieza a desmoronarse desde adentro. México merece más. Y sus jóvenes también.
Jackie Ojeda
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