Los derechos humanos: más que palabras, una forma de vivir
Por: Arantzazu Abreu y Uriarte 09 de Octubre de 2025 | Puebla de los Ángeles, México
¿Por qué defender la dignidad es el punto de partida para cambiar el mundo?
Hablar de derechos humanos no es hablar de un tema lejano ni reservado para los especialistas.
Es hablar de la vida diaria, de cómo nos relacionamos, de lo que exigimos y de lo que estamos dispuestos a respetar.
Los derechos humanos son esos principios que nos recuerdan que todas las personas, sin importar su historia o condición, merecen ser tratadas con dignidad.
No son una concesión del Estado ni un favor de la ley; son inherentes a cada ser humano desde el momento en que nace.
Esa idea, aunque hoy parezca evidente, fue el resultado de siglos de lucha.
La humanidad ha atravesado periodos marcados por la injusticia, la esclavitud, la discriminación y las guerras que negaban ese valor fundamental: la igualdad.
Por eso, tras los terribles acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, en 1948 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un documento histórico que proclamó que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos” (ONU, 1948, art. 1).
Esta declaración no solo fue una respuesta al dolor de la guerra, sino un compromiso moral y político con la humanidad entera.
De las palabras a la acción: vivir los derechos humanos
Sin embargo, los derechos humanos no pueden quedarse en el papel.
Su verdadera fuerza aparece cuando los vivimos y los defendemos en lo cotidiano.
Cuando alzamos la voz ante una injusticia, cuando apoyamos a quien es discriminado, o cuando exigimos que la educación y la salud sean accesibles para todos, estamos ejerciendo esos derechos.
Como señala la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH, 2023), su finalidad es “promover el respeto a la dignidad humana y fomentar la cultura de la paz y la igualdad.”
Derechos fundamentales que sostienen la vida
Entre los derechos más reconocidos se encuentran:
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el derecho a la vida,
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el derecho a la libertad de pensamiento y expresión,
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el derecho a la educación,
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el derecho a la igualdad ante la ley,
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el derecho a la salud,
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y el derecho al trabajo en condiciones justas.
Estos no son conceptos abstractos; son garantías que nos permiten desarrollarnos plenamente y exigir condiciones justas en la sociedad.
Retos de una generación que no puede olvidar
No obstante, los desafíos actuales nos recuerdan que aún queda mucho por hacer.
La discriminación, la violencia de género, la pobreza y la exclusión digital son ejemplos de cómo se siguen vulnerando estos derechos.
En ese sentido, el reto de nuestra generación —especialmente el de los jóvenes— es mantenerlos vivos, defenderlos con conocimiento y adaptarlos a los nuevos tiempos.
Vivir la dignidad: una postura ética ante el mundo
Vivir los derechos humanos implica asumir una postura ética ante el mundo.
Es entender que cada acto de respeto, empatía o justicia contribuye a fortalecerlos.
Porque los derechos humanos no son solo un tema legal: son una forma de vivir que nos enseña a mirar al otro como un igual y a creer que un cambio real empieza siempre desde la dignidad.
Hablar de derechos humanos puede parecer algo básico, pero precisamente por eso es urgente.
Lo esencial tiende a olvidarse cuando se da por sentado.
Por esa razón, volver a hablar de la dignidad, la libertad y el respeto no es repetir lo mismo: es recordarnos lo que nos une como humanidad.
Entender los derechos humanos no solo nos hace mejores ciudadanos, sino también personas más conscientes, capaces de reconocer el valor de los demás y de defender el propio.
Al final, no se trata solo de saber qué son los derechos humanos, sino de decidir todos los días vivir de acuerdo con ellos.
Arantzazu Abreu Y Uriarte
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