Mujeres que transforman el escenario: La Variete conquista la Casona de Xicoténcatl con un concierto que nadie quería que terminara

Por: Redacción SUMMA 26 de Marzo de 2026 | Ciudad de México

En el marco de la Noche de Museos y en conmemoración del Día Internacional de la Mujer, diez músicas egresadas del Conservatorio Nacional demostraron que el talento femenino merece los escenarios más emblemáticos del país.

La histórica Casona de Xicoténcatl, sede del Senado de la República, fue anoche mucho más que un recinto legislativo. Sus paredes cargadas de historia política mexicana fueron testigos de otro tipo de poder: el poder de la música interpretada con maestría, con convicción y con una energía que el público no tardó en hacer suya. La agrupación La Variete presentó Mujeres Concertistas, un concierto que cerró con tres bieses, ovación de pie y una sala que no quería dejar ir a sus intérpretes.

El evento fue posible gracias a una confluencia de voluntades institucionales que merece reconocimiento. La Junta de Coordinación Política del Senado de la República abrió las puertas de esta casona emblemática para que la cultura se instalara en su corazón, en el marco de la Noche de Museos, iniciativa mensual que la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México sostiene con una convicción clara: el arte no puede ser privilegio de unos pocos. La entrada fue libre. Y eso, en tiempos donde el acceso a la cultura de calidad sigue siendo una deuda pendiente, no es un detalle menor.

Un programa que fue un manifiesto

La selección musical de la noche fue en sí misma una declaración de principios. El programa de Mujeres Concertistas no fue un recital convencional: fue un recorrido cuidadosamente curado por compositoras y compositores que han marcado el alma musical de México e Iberoamérica, con voces e instrumentos femeninos como protagonistas absolutas.

La velada abrió con El deseo, de la soprano mexicana Ángela Peralta —La Ruiseñora Mexicana, ícono del siglo XIX— interpretada por María del Rocío Ferrusca Gómez al canto y Ana Gabriela Martínez Moran al piano. Una apertura que marcó el tono: rigor, emoción y un homenaje explícito a las mujeres que abrieron camino antes que todas ellas.

Le siguió No Nantzin de Salvador Moreno, con la soprano Sarah Tulum Casasola acompañada de nuevo por Ana Gabriela Martínez Moran al piano; y Alfonsina y el mar, con letra de Félix Luna, en una interpretación de Arantza Mishelle Rodríguez con la guitarra de Laura Sofía Pérez Estrada, que arrancó los primeros murmullos de admiración entre el público.

María Grever, compositora mexicana que triunfó en Broadway cuando pocas mujeres lo lograban, tuvo una presencia doble y merecida en la noche: Yo no sé fue interpretada por la soprano Marian Arantza Sosa Martínez con Salma Khirei Zambrano Saucedo al piano; Alma mía, por Saraí Obregón Cerecero, también con Salma al piano; y más adelante, Te quiero-dijiste volvió al escenario en voz de Saraí Obregón, cerrando así un pequeño ciclo Grever que el público recibió con especial calidez.

La pianista Salma Khirei Zambrano Saucedo tuvo también su momento en solitario con el exigente Estudio Op. 25 No. 1 de Chopin, demostrando una técnica que no dejó lugar a dudas sobre su formación. En contraste, Ana Gabriela Martínez Moran interpretó la Suite pour le piano: II. Sarabande de Debussy, con una delicadeza que detuvo el tiempo en la sala.

Del Cabello más sutil de Fernando Obradors regresó la voz de María Del Rocío Ferrusca Gómez, esta vez acompañada por la guitarra de Laura Sofía Pérez Estrada. Piel canela de Bobby Capó, en voz de Marian Sosa con piano de Salma, fue uno de los momentos más celebrados de la noche —aunque el público aún no sabía que lo mejor de esa pieza estaba reservado para el final.

Yo no lo sé de cierto de Julio César Oliva fue interpretada por Sarah Tulum Casasola con la guitarra de Xhidenhi Zamora García, seguida de la Sonatina Meridional de Manuel M. Ponce en una brillante ejecución solista de Laura Sofía Pérez Estrada. El penúltimo número, Concert pour une voix de Saint-Preux, en voz de Arantza Mishelle Rodríguez con Salma al piano, llevó la emoción a su punto más alto antes del cierre formal.

Y ese cierre fue Gracias a la vida de Violeta Parra —la poeta y músicóloga chilena que lo resumió todo en esa canción— interpretada en ensamble por todas las integrantes del elenco. Una elección que no fue casual: es imposible escuchar esa pieza sin sentir que el escenario se amplía y lo llena todo.

El momento que nadie olvidará

Pero la noche no terminó ahí. El aplauso fue tan prolongado, tan insistente, que el elenco no tuvo más opción que volver. Las integrantes se reunieron para ofrecer una interpretación de Piel canela que electrizó la Casona de Xicoténcatl de una manera que pocas noches culturales logran. El público lo entendió de inmediato: no era solo un bis. Era la confirmación de que habían presenciado algo especial.

La Variete: una misión que se cumple en el escenario

Fundada en 2018 por el guitarrista clásico Rodrigo Molina, La Variete nació con una misión precisa: que los músicos egresados y alumnos del Conservatorio Nacional de Música tuvieran acceso a experiencia real como intérpretes activos. No en el aula, sino frente a un público. No en ensayo, sino en escena.

Lo que esta agrupación ha construido en apenas ocho años es un modelo que combina rigor académico con visión escénica, y que en esta ocasión puso en el centro a las mujeres —sus voces, sus instrumentos, su repertorio— en uno de los recintos más cargados de simbolismo del país.

La Noche de Museos: cultura que democratiza

Que un concierto de esta calidad fuera de entrada libre no es anecdótico. Es político, en el mejor sentido de la palabra. La Noche de Museos de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México lleva años sosteniendo la premisa de que la cultura es un derecho, no un producto. Y cuando una institución como el Senado de la República, a través de su Junta de Coordinación Política, se suma a esa visión y abre la Casona de Xicoténcatl como escenario, el mensaje es poderoso: los espacios del poder pueden —y deben— ser también espacios del arte.

Eso es, en definitiva, liderazgo que transforma.

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