Voces Jóvenes para un Futuro Digital
Por: Christian E.M.G 12 de Febrero de 2026 | Huejotzingo, Puebla
En la vorágine de transformación que define nuestro siglo, donde la tecnología no solo es herramienta sino el tejido mismo de la sociedad, existe un vacío de perspectiva alarmante en los espacios donde se toman las decisiones. Hablamos de gobiernos, instituciones y políticas públicas que buscan regular, impulsar o contener el avance digital, pero cuyas salas de reuniones suelen resonar con experiencias de un mundo que ya no existe.
Es hora de preguntarnos: ¿Quiénes están diseñando el futuro? ¿Aquellos que lo vivirán o quienes lo recuerdan?
Incluir a los jóvenes, no como meros beneficiarios o usuarios pasivos, sino como asesores esenciales y parte activa en la toma de decisiones tecnológicas, no es una concesión generacional; es una cuestión de supervivencia estratégica y de justicia intergeneracional.
Alfabetización nativa: una ventaja estratégica
Primero, por una cuestión de alfabetización nativa. Las generaciones más jóvenes no han adoptado la tecnología; han crecido inmersas en ella. Su comprensión de las dinámicas digitales —desde la economía de la atención en redes sociales hasta los códigos no escritos de las comunidades en línea— es intuitiva y profunda.
Ellos ven los riesgos de una nueva plataforma antes de que se materialicen en un titular y perciben las oportunidades en un algoritmo antes de que se convierta en un producto. Mientras los legisladores debaten cómo regular una red social, un joven asesor podría explicar cómo realmente se usa, se manipula o se empodera en ella. Esta perspectiva es un antídoto contra la miopía regulatoria.
El impacto a largo plazo y la responsabilidad ética
Segundo, por la urgencia ética del impacto a largo plazo. Las decisiones tecnológicas de hoy —sobre inteligencia artificial, datos biométricos, metaverso o cambio climático— tendrán consecuencias que durarán décadas.
¿Quién tiene más interés en un futuro habitable, equitativo y libre que aquellos que están destinados a habitarlo? Su voz es la que puede cuestionar con mayor vehemencia: “¿Este atajo tecnológico a qué costo social viene?” y “¿Esta innovación, para quién es?”
Incluirlos es inyectar una dosis necesaria de responsabilidad hacia el mañana en decisiones que a menudo se toman por la presión del hoy.
Legitimidad, confianza y democracia actualizada
Tercero, por legitimidad y confianza. Cuando las políticas tecnológicas se elaboran en torres de marfil, alejadas de la experiencia cotidiana de los ciudadanos más digitales, se genera un divorcio peligroso.
Los jóvenes ven la tecnología no como una caja negra misteriosa, sino como un espacio político, económico y social. Su participación directa y visible en los procesos gubernamentales puede restablecer un grado de credibilidad en instituciones que, para muchos, parecen obsoletas. Es una demostración tangible de que la democracia se actualiza.
Más allá del símbolo: participación real
Pero ojo: no se trata de un mero gesto simbólico. La inclusión debe ser real, dotada de presupuesto, acceso a información confidencial y capacidad de influencia. No basta un “consejo juvenil” decorativo.
Se necesitan mecanismos formales, como asientos con voto consultivo en comisiones de ciencia y tecnología, unidades de asesoría juvenil dentro de ministerios clave, y procesos de co-creación en políticas digitales. Los jóvenes no son un monolito; deben representar la diversidad social, geográfica y de género de su generación.
Diseñar el futuro con nuevas voces
Los retos que enfrentamos —la brecha digital, la desinformación, la ética de la IA, la privacidad— son demasiado complejos para ser abordados con una sola forma de pensar. Necesitamos la sabiduría de la experiencia y la audacia de la novedad. Necesitamos la memoria institucional y el instinto digital.
Incluir a los jóvenes en el corazón de la toma de decisiones tecnológicas es, en esencia, reconocer una verdad simple: no se puede gobernar el futuro con los mapas del pasado. Es apostar por la inteligencia colectiva de una sociedad que se atreve a construir su destino, escuchando por fin a aquellos que más tiempo van a habitarlo.
El futuro no solo se predice; se diseña. Y es imperativo que quienes lo vivirán tengan las herramientas para hacerlo.
Christian Martínez Girón
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